"De lo que no se puede hablar, hay que callar".
Pero ni Derrida, ni Wittgenstein, ni Thoreau, ni Kerouac, ni Gonzalo Rojas o Vicente Huidobro, mucho menos el atlético de Murakami, el estoico de Tolstoy o el ebrio de Hemingway podrán callarme. Ni la lírica de Spinetta, el folk de Dylan, el rock suave de Deftones o la sublimidad de Chopin me callarán. Ni disputar un partido de fútbol, ni subir veinte cerros, ni escalar treinta Aconcaguas, ni ver cien películas, ni acampar en todos los bosques del mundo ni jugar cuarenta horas de videojuegos en mi pieza callarán mi dolor. Un dolor interno, propio, privado y excluyente, pero que brota en cada gota de sudor cuando salgo a trotar. Basta, basta, basta... basta! Basta de sufrir en silencio. Basta de, como dice Calamaro, ser un socio de la soledad. Porque a mi mismo, no me basto, y necesito bastar a alguien más. Hartarlo de mi. Saciarlo de yo. Generar intersubjetividad. Apreciar lo más hermoso de esta existencia: el Otro. En la diferencia -différance- está la complacencia.
________________________________
(Hecho hoy). "No es suficiente". Está bien. Soy lo que soy. No puedo ser más o menos de lo que soy ahora. Quizá en otra vida podría mentirme a mi mismo y a ti, y ser otro que no soy para complacer(nos). Pero como dice Sartre, no me gusta actuar de mala fe.
________________________________
(Hecho hoy). "No es suficiente". Está bien. Soy lo que soy. No puedo ser más o menos de lo que soy ahora. Quizá en otra vida podría mentirme a mi mismo y a ti, y ser otro que no soy para complacer(nos). Pero como dice Sartre, no me gusta actuar de mala fe.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario