Perspicaz lechuza sigilosa.
Suave piel de verbos conjugados enmarañados
en curvo mantel de juventud y vida.
Busqué en la rosa del demiurgo,
(transité con Nix y Hemera)
por tu sofía de mujer y carne
deseando tu boca de nacimiento y hechicera.
Casi pierdo la ruta entre frenéticos acantilados
y escarpados montes venusianos,
engañado por arcanos y mitológicos maleficios
que cubren la Tierra desde tiempos inhumanos,
y como maestras de marionetas, sucumbimos
ante largas piernas y delgados hilos de seda.
Durante meses, cubrí con universos infinitos la llamarada
para terminar despertando ahogado y sin oxígeno
en el incendio más largo en la historia de la galaxia.
No sé a quién trato de engañar
con este vomito verbal que fluye después
de un trago de tu amargo licor sexual.
Escupí al cielo, y Dios orinó en mi,
con fuerza bruta y vehemencia
por sentirme dueño de la vida y la naturaleza.
Apágate, buen hombre, dijo el cantinero
y entrega ese noble candor de fenix oriental.
Porque no eres ni Garuda ni Roc.
(Mejor aún)
Eres un simple humano aguardado en su femenino temor.
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Redactado el 04/11/2013, en Valparaíso.
No finalizado. Creo...
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