"Fue como presionar un interruptor. Por primera vez sintió en cada una de sus venas, un amargo candor tan áspero y ácido, que era capaz de disolver en segundos el centro mismo del sol. Poseía en sus brazos la fuerza de cien titanes y sus piernas contenían la velocidad de mil gacelas. Su cabeza concentraba la sabiduría de incalculables kalpas para silenciar al más ruidoso de los mares. Generaciones, nacimientos, vidas y muertes, explosiones e implosiones sucedían a cada momento en sus ojos, que ardían incesantemente como candelas celestiales en la noche del Edén. Quien lo miraba directamente, quedaba petrificado como si se tratase de Medusa, pero por su agilidad en combate lo apodaban 'Perseo, el hecatombe'. Desde ese momento juró quitar hasta la última chispa de fuego que le concedió a los humanos, porque en su alma reinaba una rabia y desdicha que ningún tipo de amor y cariño podían apaciguar. Su temple sólo se comparaba a los ejércitos de Alejandro Magno, Napoleón y Atila, pero si era necesario, correría más sangre hasta llegar a transformar los ríos, océanos y lagos en una mancha agria de rojo vinotinto penoso. Su deseo de acabar con quienes en pretéritos mundos infringieron dolor y daño en su piel y en su espíritu, lo llevaron a romper sus cadenas que lo mantenían atrapado a la roca y aferrado al yugo del acuario menstrual.
El joven Prometeo desencadenado alzó la vista y jamás volvió a verla..."
Micro relato creado a partir de la surreal mixtura entra mi fascinación por el mito griego, el psicoanálisis de un sueño que tuve y una nefasta experiencia de madrugada. De hecho, ese día desperté con las ganas de escribir esto, a modo de catarsis. No sé si lo terminaré o lo dejaré como inconcluso. (fechado el 23/08/2013)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario