martes, 4 de marzo de 2014

Implosión ordenada de caos explosivo.

Me gusta la improvisación, la no planificación de las cosas, vivir el puro devenir, el caos perceptual que resulta compartir cada respiro con mi prójimo -yo mismo soy un caos-. Porque, como lo dije en un texto anterior, muy solos seremos, pero nunca estamos solos. Mi idea era viajar solo, y nunca antes había estado tan felizmente acompañado por tanta gente.

No obstante, no fue fácil. Sólo hoy, y siendo las 3.40 de la madrugada del 4 de marzo del 2014, he podido generar conceptos, categorías y sentencias respecto de lo que viví. Recién ahora puedo verbalizar mi vida desde los últimos 34 días. Porque el lenguaje escrito y oral siempre es superado por el lenguaje del cuerpo, la palabra del tacto, el verbo de la piel y la conjugación del movimiento. Sólo el con-tacto entre dos o más personas es lenguaje vivo, real y evidente en sí mismo. El cuerpo es un libro abierto esperando ser traducido por el toque de la piel del Otro. Eso puedo sacar en limpio. Podemos vivir solos, pensar solos, incluso proyectarnos solos. Pero la piel siempre reclama un diccionario carnal para ser traducido a distintas lenguas y tocado por distintas lenguas. El jugueteo de la lengua... ¿Puede haber un contacto más íntimo, no-verbal, visceral y real que un beso? ¿Puede haber insulto más ofensivo, caricia más deseada y regalo más envidiado que un beso? ¿Podría hacer filosofía del beso? Claro que sí. Pero sería texto vacío, azúcar sin dulzor, leche sin lactosa, agua sin hidrógeno. No habría filosofía más barata y estéril que reflexionar sobre los besos. El beso se da o se roba. Nada más que eso. Es un juego pueril entre la propiedad pública y privada. Tú eres privada, íntima, carne hecha mujer, pensamiento hecha libertad. Tu boca es privada, pero quiero transgredirla y transformarla en mi banca de reposo, en mi plaza de alegría y sueños, en mi espacio público de tránsito. Bendito sea el que tiene la suerte de correr libremente por esos labios de risa simple y proyectos grandes. Dichoso aquél sujeto capaz de navegar por tus profundas aguas de fémina libre, linda y loca. Que salte de alegría aquél hombre que tiene la suerte de tomarte la mano y besarte hasta el hartazgo, sea donde sea. Porque si yo fuese él, no dejaría momento alguno en el que yo dijese a viva voz en la vía pública: "Populus vulgaris, plebeyos infames, dejen sus riquezas de lado, despójense de sus objetos de valor y su monotonía. Hoy he dejado de ser un simple habitante de esta ciudad para transformarme en el hombre más rico del mundo. Con esfuerzo y vehemencia, he logrado extraer el oro de esta mujer. Pude trabajar su cantera de vida y comer de su boca de frambuesa. Ahora soy rico sin siquiera tener pan ni vehículo. Soy rico porque mi dinero no es material. Mi billete es su corazón y mi dicha su pasión". Eso haría. Jamás me cansaría. No me cabe en la cabeza lo siguiente: ¿Cómo es que alguien, ser humano inocuo de seguro, es capaz de no disfrutar a cabalidad de la resurrección de Lilith? ¿Cómo no aprovechar de ser feliz y hacer feliz a esa compañera, hasta las últimas consecuencias?.

No soy Dios, tampoco alguna reencarnación de Buda, ni pretendo serlo. Soy un humano, con defectos y virtudes, más lo primero que lo último, aclaro. Sin embargo, si tuviese una posibilidad en un millón, una situación en mil reencarnaciones, juro que no me quedaría de brazos cruzados y haría algo al respecto.
De hecho, lo haré.

Ah. Olvidé decir. Buen viaje tuve en el sur.

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